La actriz mexicana protagonista de ‘La Casa de las Flores’ cree que para acabar con la violencia de género y los asesinatos machistas es necesario que los hombres y las instituciones revisen y promuevan un concepto de masculinidad distinto. Cecilia Suárez es una defensora mundial de la Iniciativa Spotlight de la Unión Europea y las Naciones Unidas.

En un lugar precioso de mi país, México, me levanto tranquila, asomo por la ventana para ver un enorme campo verde y el amanecer que quiebra la noche y la calma. Ahí, aún en penumbra, me pregunto: ¿cómo se amanece luego del horror?

Hace no muchas noches, una amiga madrileña me escribió para decirme que algo había ocurrido en nuestro barrio. Después, una amiga mexicana me contó vía telefónica que en el suyo, en Ciudad de México, había ocurrido algo similar. En ambos casos, mujeres asesinadas por sus parejas, en el seno de su hogar. Ya todos conocemos las cifras, los números, el incremento desmedido surgido a partir de la pandemia, la lentitud de los órganos de justicia, la indignación, la rabia, la incredulidad incluso.

Me pregunto de nuevo: ¿hay algo que no sabemos? Sí. ¿Qué es lo que pasa con los hombres? ¿Qué es eso que no se dice o que no se habla? ¿Por qué tanto dolor? Cansada como estoy de escuchar lo que las mujeres tendríamos que hacer ―incluso hasta la forma en que debíamos de manifestarnos o protestar― nunca he escuchado que se dirijan ciertas exigencias al comportamiento de los varones. Ni siquiera la más nimia de las sugerencias que les hagan responsables de su actuar. Es decir, institucionalmente ese diálogo aún permanece cerrado. Clausurado diría yo. Lo cual deja ver con claridad que ese mismo diálogo permanece también en calidad de pendiente en el ámbito de lo privado y lo íntimo.

Señores, es momento de preguntarse: ¿qué es realmente ser hombre? ¿Por qué la condena de representar una y solo una forma de masculinidad? ¿A qué le temen? ¿Qué les duele? ¿A caso la vida es eso?

Veo con frecuencia hombres rotos por no satisfacer el modelo que se esperaría de ellos, pero sobre todo, por no contar con herramientas, ni siquiera básicas, para redescubrirse bajo una luz distinta que les permita contactar con su fragilidad o incluso con sus dudas. No hay un mapa para la ternura, el llanto, lo suave, lo dulce, para liberarse del yugo de ser el proveedor, el fuerte.

Y sí, el momento de echar mano a una cuenta pendiente es este.

Hermanos: ustedes y solo ustedes tienen en sus manos la decisión de descodificar y resignificar lo que es ser hombre. Háganse preguntas, pertúrbense por lo que está pasando, vayan a terapia, encuentren círculos de apoyo, sean valientes para experimentar otras formas de existir. Autoridades: el mensaje que urge es el de una nueva masculinidad. Hagan su tarea. Las mujeres no podemos esperar más.

Publicado en El Pais.